A veces tiene que hacer su aparición alguién especial para apreciar la belleza de la vida misma, ayer por la  tarde estaba caminando por esas frías calles limeñas, de pronto se acercó a mí un hombre mayor, muy delgado y tan blanco como un espectro, muy respetuosamente me dijo:
- Señorita no se vaya a ofender pero la estoy observando y me doy cuenta que usted es buena gente, la mayoria ni me mira cuando les hablo,
Traia consigo una bolsa negra en la mano, pensé que era uno de esos tantos vendedores de golosinas que deambulan en mi ciudad, pero su aspecto no era de tal, continuó diciendo:
- Tengo asma y esto no me deja trabajar bien, pero no le pido plata, sino que le ofrezco estos adornitos que yo mismo los hago a pesar de mi enfermedad porque la pintura me hace daño.
Acto seguido saco de su bolso negro varios adornitos o juguetitos para niños, cuando los ví me gustaron mucho, uno sobre todo con motivo de un velero que esta hecho con clavitos de carpintero e hilos de costurera luego me conmovieron mientras él me seguia hablando de lo que le ha tocado vivir, de lo solo que está, que se las busca como decimos por aquí, que le gana el arte que lleva adentro y eso lo vuelca en el trabajo artesanal que realiza y de salud ni hablar, eso lo pude ver en su aspecto; pero éste hombre sonreía, en sus ojos había una luz, una esperanza, me transmitió una energía que bañó mi espíritu orgulloso y a veces soberbio mientras pensaba por dentro que podría estar disfrutando de su jubilacion al lado de sus nietos y enfermo como está debería tener una vida mas reposada, pero no, tiene que seguir buscando como sobrevivir.
Compré uno que me gustó mucho con la intencion de regalársela a mi hijo al que tanto le gustan los adornos como a mi, pero finalmente los puse en mi estante de libros, cuando partió me deseó toda la suerte del mundo...... imagínense a mi! que supuestamente estoy sana y tengo más ventajas que él en todo, asi es la vida como hubieran dicho algunos y yo también..... me quedé con la sensación que el precio que pagué por ellos no era el justo. Después de unos veinte minutos de haber conversado lo ví partir contando sus pasos arremolinado en sus propios pensamientos dejando en mi una sensación de bienestar.